martes, 20 de enero de 2009

DANZA ORIENTAL

Danza del Vientre
En árabe se la conoce como raks sharqui. Se dice que es una de las danzas más antiguas del mundo, procedente del antiguo Egipto, donde las mujeres la bailaban en los templos sagrados, en honor a los dioses.

La danza oriental, ha sido tradicionalmente improvisada por una sola bailarina, aunque hoy día la mayoría de espectáculos son en grupo y coreografiados. Los movimientos suelen ser suaves y fluidos, centrando la atención en la cadera y el vientre, alternando movimientos rápidos y lentos, y enfatizando los músculos abdominales, con movimientos de pecho, hombros y brazos serpenteantes. Se incluyen movimientos del folklore egipcio, danza clásica y contemporánea, con grandes desplazamientos y giros.
Es una danza elegante, con mucha fuerza y una gran herramienta para transmitir los sentimientos, como pueden ser la tristeza, alegría o sensualidad.
Esta danza aporta a la persona que la práctica multitud de beneficios tanto físicos como mentales. Es apropiada para personas de todas las edades y constitución. Es un buen ejercicio cardiovascular, que a la vez mejora la flexibilidad y la fuerza muscular, de la persona que la práctica, siendo ella misma la que controla su nivel de exigencia. En una sesión de Danza Oriental bien estructurada, se trabajan prácticamente todos los músculos del cuerpo como pueden ser cuello, espalda, brazos, abdomen, glúteos y piernas. Por lo tanto, no es de extrañar que algunos médicos recomienden la práctica de esta danza para la preparación y recuperación del parto, incontinencia, dolores menstruales, evitar la rígidez de las articulaciones y corregir la colocación de la espalda…. Además funciona también como una fabulosa terapia mental, ya que fomenta la autoestima y mejora notablemente el grado de bienestar de quienes la practican regularmente puesto que al entrar en contacto con el cuerpo se produce un desbloqueo psicológico que despierta el amor propio y ayuda a la persona que la práctica a vencer inhibiciones y aceptar nuestro cuerpo tal y como es, puesto que a diferencia de otros ejercicios, en esta danza se trabaja desde el interior, de forma que la belleza física nace no como un fin, sino como una consecuencia.

En definitiva, las personas que disfrutan practicando esta danza regularmente, logran crear un perfecto equilibrio y una íntima conexión entre el cuerpo y la mente

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